Peret, y la imagen afilada

El diseño gráfico trata de moldear la percepción que tenemos del mundo. Ya sea con intención publicitaria, social o meramente artística, el diseñador transforma los elementos de su entorno y los presenta ante nuestros ojos de un modo diferente. El diseño, como parte de la comunicación visual, es una disciplina compleja e intensa que continuamente se pone en entredicho. Son tantos los estímulos visuales que recibimos actualmente que es casi imposible que una imagen logre destacar sobre el resto. Pocos son los diseñadores que lo consiguen, y menos aún quienes lo hacen construyendo un estilo tan propio como reconocible a los ojos de todos.

Un buen ejemplo lo encontramos en el diseñador madrileño Isidro Ferrer, discípulo autoproclamado de Peret. El diseñador que se esconde tras un sobrenombre universalmente asociado a la rumba es Pere Torrent, un barcelonés que lleva más de treinta años desarrollando una intensa carrera creativa, y que está detrás de algunas de las imágenes icónicas de los últimos tiempos.

Su estilo mezcla la pictografía con las formas geométricas para alumbrar un universo personal que navega entre lo ‘naive’ y lo ácido

La obra de Peret se inspira en las vanguardias artísticas del siglo XX, y su estilo mezcla la pictografía con las formas geométricas para alumbrar un universo personal que navega entre lo naive y lo ácido. Inicia su carrera a finales de los años sesenta en la Massana, famosa escuela de diseño catalana. Su paso por París como responsable creativo de varias agencias de publicidad afianza su estilo. Y a su vuelta a Barcelona, una vez llegada la democracia, vuelve a trabajar para varias agencias locales.

Si pudiésemos reducir un objeto como quien reduce una salsa, obtendríamos una imagen aproximada de su esencia. Peret reduce los objetos a líneas y formas tratando de capturar su alma. Ese mecanismo de simplificación convierte sus obras en artilugios atemporales y fácilmente reconocibles por todos. El concepto de imagen-idea, la simplicidad despojada de todo artificio, persiste en todo su trabajo, así como un afán incisivo por buscar lo verdadero en lo cotidiano. No rehúye las expresiones artísticas primitivas, de las que se reconoce deudor, y encuentra en el costumbrismo un buen modo de expresión.

Peret no pone pegas a la mezcla de estilos. Se reconoce a sí mismo buscando y reinterpretando corrientes artísticas antiguas, y anima a recorrer el camino de la fusión de técnicas para desarrollar visualmente las ideas. Buena parte de su producción artística se concentra en la muestra desnuda de motivos cotidianos a los que aplica técnicas heredadas del arte más primitivo, y los barniza después de ironía y humor. El resultado obtenido es habitualmente un artefacto visual inocente pero afilado. Un diseño aparentemente ingenuo que esconde en su interior una profunda carga de realismo y reflexión. Algo tan bello como la imagen partida que devuelve un espejo sucio y roto colocado en el ángulo apropiado.

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